"Tú que sabes todo sobre el bien y el mal,
siempre das consejos, sabes siempre hablar.
Tú sabes todo sobre aquí y allá,
dime entonces donde,
a donde van, a donde van,
a donde van los perros con tanto afán" -1280 almas. Los Perros-.
Empezaba a llover en toda la ciudad, y los transeúntes se movían rápido, atravesando las calles, las esquinas, todo para escampar, para tomar un colectivo, una buseta, algo que estuviera seco por dentro para poder mojarlo, para después de un rato sentir como subía la temperatura hasta llegar a la cabeza, y desprenderse en pequeñas gotas de sudor, la transpiración de ingles, axilas y pies también comenzaba, y primero que las demás. La lluvia se hace más fuerte y la gente corre más, se aglomera en puertas de almacenes, cafeterías, en todo lo que pueda estar abierto, y seco por dentro para poder mojarlo. Se improvisan paraguas con hojas de periódico, portafolios, carpetas, con la misma ropa, en fin… a veces es mejor esperar. Los perros no corren, esperan mojados a que escampe, esperan sentados y mojados al lado de la gente, sin musitar ladrido, a veces temblando, otras se puede ver como se desprende el vapor de sus enjutos, o gordos cuerpos, peludos cuerpos, sarnosos cuerpos… en fin, esos perros no corren, menos cuando tienen un dueño sin dueño. El sudor de las palmas de mis manos se torna resbaladizo en el tubo que sujeto con fuerza mientras otros cristianos se arruman adentro del vehículo, las sombrillas escurren, gotean sobre mis hombros, espalda, pantalones, y a todos les da vergüenza. La temperatura, y el olor aumentan, y nadie abre una hijueputa ventana, ni siquiera vale la mala jeta que brindo a los pasajeros que van sentaditos para que reaccionen y dejen correr el viento al interior de semejante infierno sobre ruedas. La lluvia puede cesar, pero la temperatura como mal invitado se queda en medio de nosotros, los ardorosos pasajeros, se queda húmeda en nuestra ropa interior, se nota en nuestras frentes brillantes, que mierda. Pobres perros, con frío, en cartones mojados descansan después de la lluvia, que irónico, así como sus dueños descansan sobre perros húmedos. Al timbrar, apearse, saltar, y caminar, sí tenemos que cubrirnos, resguardarnos en nuestra sudada ropa Incluso frotarnos las manos, hacer vapor con la boquita, caminar rápido, sentir el roce del viento helado que se aloja en nuestras mejillas. La lluvia se va para volver a vivir en nosotros mismos.
Al siguiente día también llueve. Esta vez no me encuentro a los perros sobre los cartones, los veo tras sus dueños, y algunos viajan cómodos en los carritos esferados de sus dueños sin dueño, se ven felices, muy contentos, con las orejas en señal de alerta, algunos, y los otros, con las orejas en señal de sumisión. Que bonitos, tan sencillos, tan perros ellos. Camino y casi no miro a nadie tan cerca, porque no me gusta, sólo de lejos, solo desde allá para acá, sólo sin que se den cuenta de que los observo desde aquí. Camino y siento como las pequeñas gotas se enredan con mi cabello, mi hermoso cabello, camino y siento cómo si cada gota volteara los ojos antes de estrellarse contra algo; contra mí, contra el pavimento, las fachadas, los perros, los dueños sin dueño. El olor a calle mojada se acentúa, el olor a fachada mojada igual, y luego, muy por debajo, el olor a perro mojado, y un poquito más por encima el olor a dueño sin dueño. La lluvia empieza a caer con más afán que antes, y cuando esto pasa, la gente, corre, como el día anterior. Como cada día que llueve con ese afán de acabar pronto, con ese temor de que el sol se ponga bravo por tanta nube gris, tan densas, pero a la vez que lindas, ya que una vez terminada, se abren, como si fueran a hacer el amor con el astro rojo. Los perros menean la cola, saludando al solecito tan rico que se echa sobre nosotros, sobre lo que está empapado a su vista. Es conmovedor.
ahhh mis queridos perros bogotanos, como me hacen falta sus ladridos, y verlos en manada, con esas orejas que tu mencionas. tan fieles, tan diferentes y libres.
ResponderEliminarme gusta la idea que propones en la primera parte, en bogota llueve todo el tiempo incluso dentro de los buses donde ademàs llueve el sudor.
La imagen de las nubes haciendo el amor con el sol es muy bonita. me gustan los diminutivos, claro que quitaria "malparidas" puedes usar otra groseria que se parezca mas a una nube. nosé hijueputa para ventana es aceptable pero malparida para nube, no sé....
qué bella sopresa esta que nos das Jo. Te quiero MARTHA LUCIA
Gracias, tienes razón. Lo escribí hace más de un año, pero no es excusa...
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